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Oda a la heladera

Con tu gris envolvente, abrillantas los azulejos Con tu frío silente, mis gastroenteritis alejo Nunca más me dejes, ¡oh heladera! Las bebidas extrañaron tu empaño Los lácteos lloraron tu engaño Nunca más nos dejes, ¡oh heladera! Los huevos saltaron a la sartén La carne murió, me cáche en dié Nunca más nos dejes, ¡oh heladera! Volverás en todo tu esplendor El freezer nos brindará su bruto frescor Y tú, heladera, enhiesta pese al dolor Nunca más apagarás tu ventilador .... Un agradecimiento especial a la heladerita de camping, que en estos días difíciles nos entregó todo su esfuerzo, creando espacios donde no los había y soportando la firmeza de los hielitos, más allá de lo que las leyes termodinámicas expresan. Andrea M. Leiva

Mirá para arriba. Mirá para abajo

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Uno, dos, tres, cuatro. Uno, dos, tres, cuatro... Subo los escalones, bajo los escalones. Arriba: la paz, el sosiego. Abajo: el caos y la incertidumbre. No hay una estación en el medio que me indique que hacer ni como encontrar el eje. Subir, bajar, flotar, mientras busco los rayos y las nubes, mientras atravieso el aguanieve y los vientos. No estoy sola pero cada cual a su ritmo y no importa. A veces me alcanzan, otras me sobrepasan pero siempre correteamos en esos cuatro escalones. Bueno, no siempre son cuatro. Hay días, por ejemplo,  que son ocho para abajo y doce para arriba y eso me sorprende. Y es ahi cuando me alegra no haber perdido mi capacidad de sorpresa ni mis ojos infantiles. Uno, dos, tres, cuatro. Uno, dos, tres, cuatro... Fin

Horizontalidad

La vida te lleva a andar recorriendola de a pie pero un día algo te invita sin consultarte a recorrerla desde la horizontalidad. Claro que perdés la posibilidad autónoma de traslado y hasta, por momentos, te abruma la quietud. Pero vamos por el principio y es alli donde te asombrás de estar asi, acostada en plena calle, rodeada de buenos desconocidos. Te desprendes por un rato de la agitación que te rodea y te preguntas si llegarás a tiempo al concierto de jazz esa noche o si mejor te quedas recostada, manteniendo la horizontalidad, descansando y leyendo alguno de esos dos buenos libros de Mankell nuevitos que te esperan. Dudás de que ninguna de esas dos cosas vayan ocurrir cuando ves que la sirena y las luces vienen a buscarte, dejas que los demás sigan decidiendo por vos y mirás hacia el cielo y descubrís una oportunidad que pocas veces se te brinda, las estrellas te miran por entre las hojas doradas del mismo tilo que todos los días saluda desde tu balcón. Seguis en tu horizontali...

Llueve sobre el túnel

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Afuera llueve y corriendo por las vías, horadando el aire, la máquina descorre inocentes velos. A la derecha, mis ojos se topan con un desvío, donde hay un túnel iluminado con una luz teatral. Dos vías que no llevan a ningún sitio y entremedio de los rieles hay un hombre sentado en lo que parece una endeble silla. Frente a él, pero alejado, un tablero al que el hombre mira sin ver. Son segundos que me alcanzan para darme cuenta de qué se trata esa escena. No es un hombre cualquiera, es El Hombre de la Silla y la Lluvia. Ya sabía de él pero nunca lo había visto. Claro, hay que estar muy atento para verlo en tan pocos segundos. El Hombre de la Silla y la  Lluvia respira y trabaja incesamente en un túnel subterraneo, alli tiene el tablero donde maneja las precipitaciones a su gusto. Él decide cuando llueve y cuando no en la ciudad, la intensidad y la duración, volúmen de las gotas o si todo se transforma en granizo. También puede elegir si las gotas en los charcos hacen globitos o n...

La levedad

No corras, no creas en tu intensidad. Solo estás viviendo levemente, como flotando, como apenas acariciando el suelo. No temas pensar, no caerás de golpe contra el piso. Sé que te aterra quedarte a solas con tus ideas y por eso levitas la vida. Cuando puedas detener esa fábrica de actos mecánicos, descubrirás que planeando aterrizas con los pies y que ahora serán tus miedos quienes flotaran. Apenas rozarán tu piel solo para hacerte sentir viva pero ellos seguirán su camino de agua. Ya de pie, deja volar también tus pájaros, que ellos se harán cargo de llevar la buena nueva a quienes quieran oírla.

Siguiendo tus pasos

Voy caminando, siguiendo tus pasos. No me gusta que te alejes asi, sin darme tiempo a preparame. Es muy temprano en la mañana y las calles todavía duermen, pero ni vos ni yo estamos descansando. Voy detrás tuyo, buscando una salida, que ya está cerca. Las veredas están mojadas y en ellas voy dejando mis huellas, las tuyas no están. No importa, sé como seguirte y hacia donde voy. Los porteros y los vigilantes miran mi paso seguro y se preguntan, seguramente, detrás de qué voy. No importa lo que piensen, si yo sé que voy detrás tuyo. Finalmente nos encontramos mientras la oscuridad se va disolviendo. Pronto comenzamos a preparar el equipaje, la salida ya está cerca y voy a dejar de perseguirte. No será necesario, seguiremos caminando a la par, como siempre.

Cuando no estuviste

Un sillón blanco que acompaña la soledad y un televisor que parlotea sin decir nada. Los pasos que se dejan oir nunca entran y la puerta entreabierta no deja ver más que un pasillo y jamás se abre del todo para dejar pasar a quien uno espera. Solo te rodea la culpa de no haber estado antes alli, solo unos minutos antes. Si la ciudad no te hubiera intentado fagocitar con su hambre de escándalo,  si hubieras podido desplegar tu alas sobre las calles de furia, ahora no te sentirías asi. Ya la noche te habia resultado difícil, estando donde el deber mandaba pero donde aún asi te sentías ausente. ¿Por qué los dioses repartían tan mal sus cartas? El tiempo pasa y te acorrala con temores. ¿Ya no debería estar regresando? Una sombra del pasado se asoma por la puerta y ya no estás tan sola pero aún asi los miedos no razonados te rondan. Hasta que al fin ves que ya vuelve, con su pulgar en alto y sonriente pese a todo. Tus miedos hacen ¡plop! en el aire,  se ve que los dioses  ba...