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La resistencia

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Y entraron al escenario para revolucionar, revulsionar, subvertir. Corrieron, saltaron, gruñeron, escupieron, mojaron, embarraron. Pero no me emocionaron y me perdieron de vista. A mi, a otros. Pero estabas vos, que me recordabas tanto a F.. Y en tu mirada loca, en tu carcajada desvariada, no hacías más que mostrarme una inerme figura parada al borde de una terraza. Eso sí me conmovió, pero solamente estaba en mi cabeza. Por un momento me distrajo el plástico que tu compañera paseó por sobre mi cabeza y me lo quité fastidiada, no iba ella a abstraerme de mi duelo. Te seguí como sonámbula entre velas encendidas hasta la capilla, esa misma que soñé hace una semana y de la que quería escapar La obra no alcanzó nunca mi conciencia pero vos me atravesaste como una espada samurai. ¿Por qué hubiste de traerme a F. y su infinita tristeza? Cuando todo terminó, alguien habló del teatro independiente como un espacio de resistencia. Me pregunté y pregunté: ¿Resistencia a qué? Si justame...

Presente

El pasado es un sinnúmero de huellas que nos hacen ir perfeccionando el paso. Así, los pasos futuros irán coreografeándose. Con los pasos que estamos dando hoy... solo debiéramos dedicarnos a disfrutarlos. El miedo? Y bueno... ese viejo compañero de la humanidad, al que día a día hay que ir dándole pelea. Andrea M. Leiva

Tus Ojos de Video Tape, Yayoi

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Unos ojos tan redondos como tus obsesivos lunares. Todo es envolvente, todo es orgánico, todo es hasta el infinito. Las imágenes van y vienen velozmente para atraparme y para liberarte. Pinta, Yayoi. Pinta incansablemente, ¿no ves que así el mundo gira al revés? Andrea M. Leiva

Oda a la heladera

Con tu gris envolvente, abrillantas los azulejos Con tu frío silente, mis gastroenteritis alejo Nunca más me dejes, ¡oh heladera! Las bebidas extrañaron tu empaño Los lácteos lloraron tu engaño Nunca más nos dejes, ¡oh heladera! Los huevos saltaron a la sartén La carne murió, me cáche en dié Nunca más nos dejes, ¡oh heladera! Volverás en todo tu esplendor El freezer nos brindará su bruto frescor Y tú, heladera, enhiesta pese al dolor Nunca más apagarás tu ventilador .... Un agradecimiento especial a la heladerita de camping, que en estos días difíciles nos entregó todo su esfuerzo, creando espacios donde no los había y soportando la firmeza de los hielitos, más allá de lo que las leyes termodinámicas expresan. Andrea M. Leiva

Mirá para arriba. Mirá para abajo

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Uno, dos, tres, cuatro. Uno, dos, tres, cuatro... Subo los escalones, bajo los escalones. Arriba: la paz, el sosiego. Abajo: el caos y la incertidumbre. No hay una estación en el medio que me indique que hacer ni como encontrar el eje. Subir, bajar, flotar, mientras busco los rayos y las nubes, mientras atravieso el aguanieve y los vientos. No estoy sola pero cada cual a su ritmo y no importa. A veces me alcanzan, otras me sobrepasan pero siempre correteamos en esos cuatro escalones. Bueno, no siempre son cuatro. Hay días, por ejemplo,  que son ocho para abajo y doce para arriba y eso me sorprende. Y es ahi cuando me alegra no haber perdido mi capacidad de sorpresa ni mis ojos infantiles. Uno, dos, tres, cuatro. Uno, dos, tres, cuatro... Fin

Horizontalidad

La vida te lleva a andar recorriendola de a pie pero un día algo te invita sin consultarte a recorrerla desde la horizontalidad. Claro que perdés la posibilidad autónoma de traslado y hasta, por momentos, te abruma la quietud. Pero vamos por el principio y es alli donde te asombrás de estar asi, acostada en plena calle, rodeada de buenos desconocidos. Te desprendes por un rato de la agitación que te rodea y te preguntas si llegarás a tiempo al concierto de jazz esa noche o si mejor te quedas recostada, manteniendo la horizontalidad, descansando y leyendo alguno de esos dos buenos libros de Mankell nuevitos que te esperan. Dudás de que ninguna de esas dos cosas vayan ocurrir cuando ves que la sirena y las luces vienen a buscarte, dejas que los demás sigan decidiendo por vos y mirás hacia el cielo y descubrís una oportunidad que pocas veces se te brinda, las estrellas te miran por entre las hojas doradas del mismo tilo que todos los días saluda desde tu balcón. Seguis en tu horizontali...

Llueve sobre el túnel

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Afuera llueve y corriendo por las vías, horadando el aire, la máquina descorre inocentes velos. A la derecha, mis ojos se topan con un desvío, donde hay un túnel iluminado con una luz teatral. Dos vías que no llevan a ningún sitio y entremedio de los rieles hay un hombre sentado en lo que parece una endeble silla. Frente a él, pero alejado, un tablero al que el hombre mira sin ver. Son segundos que me alcanzan para darme cuenta de qué se trata esa escena. No es un hombre cualquiera, es El Hombre de la Silla y la Lluvia. Ya sabía de él pero nunca lo había visto. Claro, hay que estar muy atento para verlo en tan pocos segundos. El Hombre de la Silla y la  Lluvia respira y trabaja incesamente en un túnel subterraneo, alli tiene el tablero donde maneja las precipitaciones a su gusto. Él decide cuando llueve y cuando no en la ciudad, la intensidad y la duración, volúmen de las gotas o si todo se transforma en granizo. También puede elegir si las gotas en los charcos hacen globitos o n...