lunes, 4 de junio de 2012

Oda a la heladera

Con tu gris envolvente, abrillantas los azulejos
Con tu frío silente, mis gastroenteritis alejo
Nunca más me dejes, ¡oh heladera!

Las bebidas extrañaron tu empaño
Los lácteos lloraron tu engaño
Nunca más nos dejes, ¡oh heladera!

Los huevos saltaron a la sartén
La carne murió, me cáche en dié
Nunca más nos dejes, ¡oh heladera!

Volverás en todo tu esplendor
El freezer nos brindará su bruto frescor
Y tú, heladera, enhiesta pese al dolor
Nunca más apagarás tu ventilador


.... Un agradecimiento especial a la heladerita de camping, que en estos días difíciles nos entregó todo su esfuerzo, creando espacios donde no los había y soportando la firmeza de los hielitos, más allá de lo que las leyes termodinámicas expresan.

Andrea M. Leiva

miércoles, 25 de enero de 2012

Lo que el viento te dejó

Parado en la playa, mientras tu pelo se revuelve, te preguntas: "¿Qué hago yo acá?"

Pasaron muchos, muchisimos años desde que lo vieras por última vez. Siempre tan lejano, tan perturbadoramente ausente. A veces te lo imaginabas regresando e invocando el padre que nunca fue, para poder darle un humillante portazo en la cara. Otras veces lo veías arrepentido, cambiado y pidiendo con humildad que lo perdonaras.
Pero la mayoría de las veces no querías pensar en él y en su callada ausencia. Tus hijas preguntaban por ese hueco, por ese abuelo que estaba en ninguna parte y vos hacías fintas con las palabras.

Una voz llegó desde miles de kilómetros para recordarte que eras un hijo, avisándote que su regreso iba a ser imposible, que en un hospital te aguardaban solo sus restos. Te bebiste esos kilómetros sólo, porque así lo querías enfrentar. Bajaste del auto y un fuerte viento te recordó cuan lejos de casa estabas.

Entre trámites penosos y formalidades varias, alguien te alcanzó hasta la casa, para que pudieras recoger sus cosas. Después volviste a quedar solo y antes de partir, llegaste hasta la playa.

Y entonces, en la soledad del invierno, te respondiste que estabas allí porque habías ido a buscar solo lo que el viento te había dejado:  una ausencia definitiva y un manojo de interrogantes.