jueves, 25 de febrero de 2010

Sorpresas al mediodía

El calor en Buenos Aires, no hace falta decirlo, es insoportable. Más teniendo en cuenta si el mediodía lo encuentra desprevenidamente en Florida y Corrientes. Si uno está de paseo, todo se hace más soportable pero si en realidad lo que va a hacer es simplemente almorzar en su única hora de descanso, la cosa se pone un tanto más densa. 

Imaginemos que usted baja los cinco pisos que lo separan entre la paz y el aire acondicionado de su oficina del  el asfalto y los treintra y tres grados centígrados de la urbe. Ni bien sale de la recepción del edificio se encuentra que casi no puede pasar por la vereda. ¿Por qué?. Parece ser que en la peatonal hay espectáculo gratis y todos sabemos cómo somos los argentinos, cantidades de potenciales espectadores se van deteniendo a ver que pasa, entre ellos usted. Un buen señor se ha tomado el trabajo de escribir cartelones insultantes hacia ... su hermano Jacobo. Su propio hermano lo ha estafado y el ve cómo única salida la de publicitar gratuitamente el dolo filial. Quizás no le tenga confianza a la justicia o quizás espera una respuesta social al asunto y con eso dé por terminado el problema.

Usted se aburre y se dirige hacia la esquina. Allí un hombre vocea una propuesta original. ¿Cuál? Juntar firmas y poder así remover a un funcionario del gobierno, nada más que al máximo funcionario. Pero no quiere echarlo así nomás, no. Piensa ofrecerle un buen retiro voluntario y sino, ¿negociará?. Sobre Constitución y Democracia el hombre no está muy informado. Claro, usted se pregunta a que hombre me refiero. Elija.

Digamos que ya eligió y cruza esa ochava. Se encuentra con otra multitud detenida pero esta vez rodean a algo grande. Sí, lo que usted ve. Una limousina que, mediante carteles pegados, se ofrece a sí misma como una "ganga" de u$s 10.000. No alcanza a leer donde hay que tratar pues entre sus planes está arreglar esa vieja y bien nacional Estanciera del '62. Ya se la imagina con esas cubiertas especiales, faros potentes y ese rugiente motor trotando en la playa, todo esto en buena compañía y con un atardecer arrollador. Después de todo, ¿no siente que la temperatura comienza a descender hasta grados más soportables? Y hasta quizás con un poco de voluntad yo me convierta en esa buena compañía.  

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